domingo, 4 de noviembre de 2012

Domingo, 35 de Octubre.







Esta página, está arrancada.




Fin.

Sábado, 34 de Octubre.

Sé que es domingo. Sé que es 4 de Noviembre y no 35 de Octubre. Pero no me importa, ya no creo en lo que sé. Solo creo en lo que veo y anoche no veía nada, no podía escribir, iba ciego. No recuerdo como llegué a casa ni dónde estuve toda la noche. Pero recuerdo todos y cada uno de los sentimientos que me surgieron ayer.
A primera hora de la tarde tuvo lugar el funeral de Marina. Llovía. La perfecta escena de una tragicomedia americana de las malas, en las que muere el prota para darnos a todos una valiosa lección de vida; Un cielo gris apagado y el sonido de la lluvia chocando contra la piedra, deshaciéndose en los charcos. En serio, absurdo, ridículo, despreciable, repugnante, hipócrita y totalmente fuera de lugar. Mi pequeña Marina reducida a una losa de piedra con un nombre, una fecha y una frase estereotipada. Eso es todo lo que piensas ofrecerle como despedida; palabras insípidas y memorizadas de un cura, una lluvia de lágrimas y una losa. No me lo podía creer y Laura tampoco, ambos sabíamos que Marina no hubiera querido las cosas así, tan poco imaginativas. Me parece una burla. Pero aún así, allí estaba. Con Laura apoyada en mi hombro y una sensación de inmenso vacío adentro. A mi cabeza venían sus ojos oscuros y su piel pálida; sus manos acariciándome la nuca, tocando mis ideas, besando mis sentidos. Marina es como el agua y de un modo u otro acaba llegándote y a mi en menos de una semana me a calado por completo y ahora mismo no se donde meterme ni donde vomitar estos sentimientos. Porque ahí no podía, no debía llorar y me sentia totalmente aplastado y coartado por mi mismo. Iba a estallar.
Y por eso me he sentido a morir cuando, ya cerca del final de la "ceremonia", he levantado la cabeza y me ha parecido ver a alguien unos metros alejado de nosotros. Tenía la vista fija en aquella persona, totalmente enfrascado en mis propias paranoias. Con una mala excusa, he conseguido que Laura fuera a apoyarse en Victor para poder escabullirme de allí. Mi pensamiento era que seguramente no fuera nada, pero teniendo en cuenta lo inverosímil que me parecía estar allí, cual quier excusa me parecía válida para salir corriendo. Dando un rodeo, me acerqué a lo que finalmente resultó ser un tío de mi edad, quizás un poco más mayor. Un año, como mucho. Era un tipo bastante alto de pelo largo, rubio oscuro y liso. Me mantuve unos momentos detrás de él, en silencio. Debajo de la enorme chupa de cuero marrón, se distinguían unas espaldas anchas de un cuerpo bien cuidado y moldeado con bastante trabajo. El tipo se estaba empapando, pero no parecía dispuesto a moverse ni un milímetro. Yo no era capaz de reaccionar, no necesitaba muchas más pistas, simplemente no quería creerme que aquel tipo fuera Carlos. Simplemente porque no le veía sentido a que estuviera ahí, cuatro días después de la muerte de Marina y con tanto tiempo de desaparición a la espalda. No sabía que hacer, pero si sabía que estaba empezando a sentirme muy incómodo. Tenía una sensación horrible en el estómago y me costaba pensar y respirar. Así que actué como debería hacerse siempre, sin pensar. Le di un par de golpecitos en el hombro y se giró. Sus ojos quedaban a la altura de los míos y eran tal y como Marina los describía. Era Carlos, no había duda.

-¿Carlos?
-Si.

No le dio tiempo a decir nada más. Cuando su respuesta llegó al punto, mi puño ya había estallado contra su cara, pillándole de improviso y haciéndole caer al suelo, por el factor sorpresa. No sé porque lo he hecho, pero volvería a golpearle otra vez porque la sensación de libertad que esto me ha proporcionado no es comparable a nada. He descargado contra su cara la frustración de que no hubiera estado para cuidar de Marina, de haber sido siempre él para Marina, he descargado mi envidia y mi odio y una pequeña parte iba por Laura y por Marina y por Sara y por todos los que se perdieron alguna sonrisa de Marina por su culpa. Esta muy enfadado pero muy a gusto. Finalmente, siendo consecuente, me marché de ahí.
Creía que la cabeza iba a estallarme. Llevaba en la mochila la carta de Marina, su cuaderno, una china de hachís, pitis, papeles y un bus para ir a la capital que pasaba en 10 minutos.
He dedicado el día a recorrerme palmo a palmo los lugares en los que he estado con Marina, acompañado de unos petas y de mi buena música. No sé a dónde he ido, ni el orden ni como llegué a casa. Me he despertado aquí, de hecho. En la cabeza me retumba el golpe que le di a Carlos, es culpabilidad, lo sé, pero a lo mejor tiene que ver con todo lo que he fumado.
Hace un rato he llamado a Sara y me ha buscado el número de Carlos. He quedado con él esta tarde para darle este cuaderno, sé que leerá mis palabras y las de Marina y que tendrá tiempo de plantearse si quiere devolverme o no el golpe.
Este es mi último "capítulo". Ahora te toca a ti.

Bonne Nuit.

viernes, 2 de noviembre de 2012

Viernes, 33 de Octubre.


"...Después de explicarte todo esto, espero que entiendas que pedirte esto es realmente jodido, pero quiero que cojas mi cuaderno, busques a Carlos y se lo des. Te quiero, quieras creértelo o no, te juro que te quiero.
Marina."

"Te quiero" y "gracias" son las palabras que más se repiten en la carta que me dejó Marina, con su perfecta caligrafía, y yo aún no me puedo creer lo que he leído; en su carta,  me agradece haber estado a su lado durante todo este mes, agradece cada peta, cada calada, cada caricia, beso y palabra amable. Hay marcas de lágrimas en las esquinas y unas palabras enormes para el vídeo y la canción en la azotea, para mis escapadas nocturnas a su cuarto, para el bosque y el ruego de que no deje nunca sola a Laura. Pero también se disculpa por no saber corresponderme como merezco, dice. Se disculpa por haber muerto con el recuerdo de Carlos pegado a los labios y no con los míos. Jura que he sido muy importante para ella y que nada habría sido lo mismo si yo no me hubiera molestado en buscarla, en buscarla y tenerla cerca, pero confiesa que Carlos siempre ha ocupado su mente. Aunque no haya sido capaz de escribirlo aquí, aunque no aparezca en esta historia, dice, que siempre ha sido él. Sin embargo, dice que sabe que si Octubre no hubiera acabado con ella, Carlos hubiera desaparecido de su mente y de su piel, que sabía con toda certeza que hubiéramos estado mucho tiempo juntos y que yo hubiera acabado siendo del único para ella, que nadie la iba a querer como la hubiera querido yo. Y eso es verdad. Marina ha estado divida en tres partes; Carlos, su enfermedad y yo. No soy capaz de imaginarme hasta que punto ha debido de sentirse partida por esa situación y me parece terriblemente injusto que quede irresoluta.
Creo que en mi vida me había sentido tan roto como me sentía anoche, tan dividido y vacío. Ahora mismo si que la echo de menos y desearía que Octubre no se la hubiera llevado para poder hacer de sus palabras una realidad y que finalmente hubiera acabado tan enamorada de mi como lo estaba yo de ella. Pero la entiendo y no me siento capaz de juzgarla por sus palabras. Me ha regalado sus últimos besos y eso es algo que ni Octubre ni Carlos tienen.
También he leído su diario y es algo por lo cual me siento terriblemente culpable. No sé si tenía derecho a leerlo o no, si hubiera leído su carta antes, a lo mejor no lo hubiera abierto si quiera. Pero lo hecho, hecho está y ahora no hay manera de borrar su mes de mi mente. No hay manera de borrar el veneno que tomó, el valor de sus últimas palabras y el eterno secreto que era su cabeza. Dios mío, Marina, qué valiente ha sido y que poco se ha valorado su fuerza. Pero no era algo que yo debiera saber, este es el regalo que Marina decidió dejar para Carlos, igual que la carta era para mi. Ella sabía desde el principio que podía pedirme cualquier cosa, por muy jodida que fuera. Y es verdad, puede, de hecho es lo que ha decidido. Ha querido que fuera yo quien le diera a Carlos su "regalo", porque Laura se hubiera negado y Sara mucho más. Pero yo no puedo negarle nada, ni si quiera ahora que no está para mirarme a los ojos con su sonrisa de medio lado capaz de conseguirlo todo.
Maña se celebrará el funeral de Marina y aún no he encajado todos los golpes. No me hago a la idea, pero no me queda más remedio. Me he prometido a mi mismo estar bien, pero no puedo, no depués de lo que he leido y de como me siento ahora mismo. Pero no importa como yo me sienta, porque al fin y al cabo siempre me quedaré en el tercer plano de esta historia. Marina el primero, Carlos el segundo.
Tengo que buscarle, aunque no quiera, aunque me duela verle sabiendo lo que sé ahora. Me da un poco de vergüenza admitir que sentiré un pequeño placer al saber que yo tengo cosas en la memoria de las que él no ha podido disfrutar, a pesar de todo. El horrible placer de saber que yo estaba, mientras que él no daba señales de vida. He sido el apoyo de Marina y es una satisfacción que solo yo puedo conocer.
Creo que desvarío. Estoy demasiado cansado y no sé de dónde sacar fuerzas para seguir escribiendo, lo siento, Marina.

Good night.

jueves, 1 de noviembre de 2012

Jueves, 32 de Octubre.

Todavía no me puedo creer que las cosas hayan acabado de esta manera, en serio que no me explico por qué Marina ha decidido forzar su final así sin avisar.
Anoche el ambiente era siniestramente feliz, tan feliz que a mi me repugnaba ver como toda aquella gente sonreía, bailaba y bebía. Aquello no era una fiesta y ellos se comportaban como si estuvieran celebrando que Marina ya no iba a estar más con nosotros. Tenía ganas de gritar y de liarme a golpes allí mismo. Pero eso no hubiera sido lo adecuado así que decidí buscarla para fumarme un peta con ella y pasar un rato juntos, sabía que Marina estaría muy agobiada por la situación y sentía la necesidad de estar a su lado.
Supongo que es lo normal, pero Marina no estaba. Durante media hora, me dediqué a buscarla entre la gente; me sentía aturdido, veía caras y sonrisas y gestos y oía risas y música y quejas. Pero no había ni rastro de Marina. Estaba preocupado y después de mirar en el jardín y en nuestro bosque (y de plantearme irme a mi casa porque no me encontraba demasiado bien), decidí subir a su cuarto. Era cosa de la 1.00 de la mañana y recuerdo estar muy nervioso, pero ojalá me hubiera marchado. Ojalá no hubiera subido.
La puerta estaba cerrada. Llamé un par de veces, pero no me respondía nadie y un escalofrío me recorrió la espalda. Estuve plantado delante de la puerta unos diez minutos, pero no podía aguantar más. Entré. Entré y quise desaparecer, desvanecerme o morir en ese instante. Morir como Marina, para marcharme con ella a donde quiera que estuviera. Había un vaso en el escritorio, al lado un mechero, un bolígrafo y una caja vacía de Black devil y todo estaba iluminado por la mortecina luz morada de una especie de lámpara de lava. Durante unos segundos observé con los ojos vidriosos aquellas cosas tratando de buscarle un sentido lógico a aquellos objetos. Dios, que calmado parecía todo; la escasa luz solo iluminaba aquellos objetos y el ruido de la fiesta a penas acariciaba la sala. ¿Y Marina? Marina estaba en su cama, con un precioso vestido de lunares, el pelo perfecto, la piel pálida, los labios rojos. Como un sueño, algo alejado de la realidad, casi divino e intocable. Demasiado perfecta, pero sin aliento.
Marina ya no respiraba y yo no sabía dónde coño meter todas las cosas que se estaban pasando por mi cabeza. Mi primer impulso fue bajar corriendo y avisar a sus padres, a su hermana, a alguien para repartir el peso de aquella visión. Pero me obligué a mi misma a serenarme y a respirar con calma, no podía bajar en aquel estado de miedo y de ganas de desvanecerme. Me senté en la cama y sujeté a Marina entre los brazos. Estaba tan fría, tan pálida y apagada que no pude hacer otra cosa que desear que mi calor traspasara su piel para verla abrir los ojos, sonreirme y besarme como lo había hecho hacia ya unas cuantas horas. Durante unos instantes, me sentí a morir y dejé de respirar.
Debió de pasar una hora cuando al final decidí bajar. Besé la frente de Marina y bajé. Pero antes de irme, cogí este cuaderno y decidí llevármelo conmigo. Aún no he leído nada, he pasado buena parte del día con Laura. En mi vida la había visto así, está destrozada. Tanto que no me siento capaz de llorar o de sentirme abatida cuando ella está delante. Pero la verdad es que me siento totalmente abatido porque sé que ahora es cuando voy a echarla de menos, cuando no sé como coño voy a poder volver a vivir mi vida tal y como era porque ya no concibo una vida sin mirarla pasar y preguntarme por qué no estoy a su lado. Porque yo conocí a Marina hace cuatro años y no ha habido día en el que no haya querido tumbarme a su lado y acariciar su espalda. Ahora mismo me culpo a mi mismo por no haber sido capaz de estar con ella antes, de haber esperado a esta situación para hacerla ver que la quería conmigo. Me siento partido y doblado en dos y creo que este octubre no va a acabarse nunca. Aún no he abierto el sobre que me dio, me pidió que esperara a este momento para leerlo y pienso leer cada palabra que ella escribiera para mi y todas y cada una de las páginas del cuaderno esta misma noche y no dormiré si es preciso. Ahora que Laura está dormida puedo llorar y puedo sentirla cerca, hacerla mía durante una noche más. Que sea mi última noche a su lado, aunque ella ya no esté. En fin, mi pequeña tortura.

Buenas noches.

Miércoles, 31 de Octubre.

Mi nombre es Marina, tengo 16 años y me estoy muriendo. Me estoy muriendo, aquí y ahora, en esta habitación. Ahí abajo hay todo un despliegue de medios, una gran fiesta minuciosamente organizada con los invitados bien elegidos esperando a verme aparecer por la escalera con mi precioso vestido nuevo negro de lunares. Pero yo no voy a bajar, porque soy la moribunda y no me da la gana. No tengo ánimos para ir bajar ahí y enfrentarme a todas esas miradas vidriosas y a todas esas bocas dispuestas a besar mis mejillas y a contarme un montón de anécdotas de sus vidas a mi lado que seguramente yo ya ni recuerde. No, me niego. La sola idea de tener que pasar toda la noche pretendiendo estar bien, me cansa. Porque no estoy bien, porque estoy acojonada y no sé qué viene ahora.
Los recuerdos se retuercen en mi piel y me queman. Mis ideas están solamente iluminadas por la suave luz morada de la vieja lámpara de lava de mi padre rescatada del desván para una ocasión especial. Sara me ha planchado el pelo y me ha enseñado a usar el eye-liner y me ha recomendado un bonito pintalabios rojo que me hace parecer más pálida, más morena y más femenina, al parecer. Me he mirado al espejo con toda la parafernalia, con mi vestido y el collar de mi madre y el pelo perfectamente alisado, me he mirado y me he parecido preciosa. Durante unos instantes he pensado que es bonito morirse así; inútil pero bella.
Inútil pero bella, sola, preciosa, perfecta. Sin futuro pero con un pasado que golpea mi sien y me produce unas terribles náuseas y puede que no, pero yo quiero pensar que son los recuerdos y los remordimientos los que me duelen y no el hecho de que me muero y de que mañana no podré respirar el aire helado de Noviembre por mi ventana. Y eso me asusta. Las consecuencias me asustan; las vidas de las que he sido participe y que ahora van a avanzar sin mi ¿Y dónde está el vacío y la necesidad? ¿Existen? ¿Alguien va a leerme o va a importarle que yo ya no esté? Nunca me he sentido importante y no he querido ser alguien destacable, pero hoy si. Hoy quiero saber que mañana alguien llorará porque no estaré nunca más en clase sentada a su lado riéndonos de los gestos del profesor de lengua porque aunque no sean nada especial a nosotras nos hacen mucha gracia, muchísima. Quiero que cuando ellos crucen el umbral de esta puerta se sientan terriblemente heridos, vacíos y a mi lado, dónde quiera que esté. Y que los petas que se fumen en el bosque que hay d mi casa coloquen de recuerdos más que de THC. Quiero que alguien se arrepienta de no haber aparecido a tiempo para quedarse con mi último aliento...
Hoy es mi noche, mi gran noche, la noche de mis caprichos sin cumplir y de mis deseos echados a perder en la inmensa nada que supone para mi existir en una noche de 31 de Octubre. Octubre escrito siempre con su inicial en mayúscula, porque este mes es mi mes mi Octubre. Lo he personificado para que sea testigo de como me apago. Y ahora Octubre me dice que no tiene sentido que escriba.
Y tiene razón.
Estas son mis últimas líneas, mi última confesión, mi último piti. Tengo en la mesa un vaso, mi último black devil y un mechero. Todo está listo, también el veneno. Porque eso es lo que pienso beberme nada más suene la alarma que indica que son las 00.00; Veneno. Solo porque de esta manera será rápido, limpio e indoloro. No quiero que me duela ni quiero saber hasta que hora puedo mantener estas energías casi sobrehumanas y yo ya estoy cansada. Son las 23.56, lo justo para una última canción, la primera que suene, un cigarro y todo habrá tocado fondo.

"Gracias por leerme, por haber existido y haber sido participe de mi historia. Mi nombre es Marina y esto ha sido todo por hoy y por siempre."

¿Fin?