"...Después de explicarte todo esto, espero que entiendas que pedirte esto es realmente jodido, pero quiero que cojas mi cuaderno, busques a Carlos y se lo des. Te quiero, quieras creértelo o no, te juro que te quiero.
Marina."
Creo que en mi vida me había sentido tan roto como me sentía anoche, tan dividido y vacío. Ahora mismo si que la echo de menos y desearía que Octubre no se la hubiera llevado para poder hacer de sus palabras una realidad y que finalmente hubiera acabado tan enamorada de mi como lo estaba yo de ella. Pero la entiendo y no me siento capaz de juzgarla por sus palabras. Me ha regalado sus últimos besos y eso es algo que ni Octubre ni Carlos tienen.
También he leído su diario y es algo por lo cual me siento terriblemente culpable. No sé si tenía derecho a leerlo o no, si hubiera leído su carta antes, a lo mejor no lo hubiera abierto si quiera. Pero lo hecho, hecho está y ahora no hay manera de borrar su mes de mi mente. No hay manera de borrar el veneno que tomó, el valor de sus últimas palabras y el eterno secreto que era su cabeza. Dios mío, Marina, qué valiente ha sido y que poco se ha valorado su fuerza. Pero no era algo que yo debiera saber, este es el regalo que Marina decidió dejar para Carlos, igual que la carta era para mi. Ella sabía desde el principio que podía pedirme cualquier cosa, por muy jodida que fuera. Y es verdad, puede, de hecho es lo que ha decidido. Ha querido que fuera yo quien le diera a Carlos su "regalo", porque Laura se hubiera negado y Sara mucho más. Pero yo no puedo negarle nada, ni si quiera ahora que no está para mirarme a los ojos con su sonrisa de medio lado capaz de conseguirlo todo.
Maña se celebrará el funeral de Marina y aún no he encajado todos los golpes. No me hago a la idea, pero no me queda más remedio. Me he prometido a mi mismo estar bien, pero no puedo, no depués de lo que he leido y de como me siento ahora mismo. Pero no importa como yo me sienta, porque al fin y al cabo siempre me quedaré en el tercer plano de esta historia. Marina el primero, Carlos el segundo.
Tengo que buscarle, aunque no quiera, aunque me duela verle sabiendo lo que sé ahora. Me da un poco de vergüenza admitir que sentiré un pequeño placer al saber que yo tengo cosas en la memoria de las que él no ha podido disfrutar, a pesar de todo. El horrible placer de saber que yo estaba, mientras que él no daba señales de vida. He sido el apoyo de Marina y es una satisfacción que solo yo puedo conocer.
Creo que desvarío. Estoy demasiado cansado y no sé de dónde sacar fuerzas para seguir escribiendo, lo siento, Marina.
Good night.
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