Todavía no me puedo creer que las cosas hayan acabado de esta manera, en serio que no me explico por qué Marina ha decidido forzar su final así sin avisar.
Anoche el ambiente era siniestramente feliz, tan feliz que a mi me repugnaba ver como toda aquella gente sonreía, bailaba y bebía. Aquello no era una fiesta y ellos se comportaban como si estuvieran celebrando que Marina ya no iba a estar más con nosotros. Tenía ganas de gritar y de liarme a golpes allí mismo. Pero eso no hubiera sido lo adecuado así que decidí buscarla para fumarme un peta con ella y pasar un rato juntos, sabía que Marina estaría muy agobiada por la situación y sentía la necesidad de estar a su lado.
Supongo que es lo normal, pero Marina no estaba. Durante media hora, me dediqué a buscarla entre la gente; me sentía aturdido, veía caras y sonrisas y gestos y oía risas y música y quejas. Pero no había ni rastro de Marina. Estaba preocupado y después de mirar en el jardín y en nuestro bosque (y de plantearme irme a mi casa porque no me encontraba demasiado bien), decidí subir a su cuarto. Era cosa de la 1.00 de la mañana y recuerdo estar muy nervioso, pero ojalá me hubiera marchado. Ojalá no hubiera subido.
La puerta estaba cerrada. Llamé un par de veces, pero no me respondía nadie y un escalofrío me recorrió la espalda. Estuve plantado delante de la puerta unos diez minutos, pero no podía aguantar más. Entré. Entré y quise desaparecer, desvanecerme o morir en ese instante. Morir como Marina, para marcharme con ella a donde quiera que estuviera. Había un vaso en el escritorio, al lado un mechero, un bolígrafo y una caja vacía de Black devil y todo estaba iluminado por la mortecina luz morada de una especie de lámpara de lava. Durante unos segundos observé con los ojos vidriosos aquellas cosas tratando de buscarle un sentido lógico a aquellos objetos. Dios, que calmado parecía todo; la escasa luz solo iluminaba aquellos objetos y el ruido de la fiesta a penas acariciaba la sala. ¿Y Marina? Marina estaba en su cama, con un precioso vestido de lunares, el pelo perfecto, la piel pálida, los labios rojos. Como un sueño, algo alejado de la realidad, casi divino e intocable. Demasiado perfecta, pero sin aliento.
Marina ya no respiraba y yo no sabía dónde coño meter todas las cosas que se estaban pasando por mi cabeza. Mi primer impulso fue bajar corriendo y avisar a sus padres, a su hermana, a alguien para repartir el peso de aquella visión. Pero me obligué a mi misma a serenarme y a respirar con calma, no podía bajar en aquel estado de miedo y de ganas de desvanecerme. Me senté en la cama y sujeté a Marina entre los brazos. Estaba tan fría, tan pálida y apagada que no pude hacer otra cosa que desear que mi calor traspasara su piel para verla abrir los ojos, sonreirme y besarme como lo había hecho hacia ya unas cuantas horas. Durante unos instantes, me sentí a morir y dejé de respirar.
Debió de pasar una hora cuando al final decidí bajar. Besé la frente de Marina y bajé. Pero antes de irme, cogí este cuaderno y decidí llevármelo conmigo. Aún no he leído nada, he pasado buena parte del día con Laura. En mi vida la había visto así, está destrozada. Tanto que no me siento capaz de llorar o de sentirme abatida cuando ella está delante. Pero la verdad es que me siento totalmente abatido porque sé que ahora es cuando voy a echarla de menos, cuando no sé como coño voy a poder volver a vivir mi vida tal y como era porque ya no concibo una vida sin mirarla pasar y preguntarme por qué no estoy a su lado. Porque yo conocí a Marina hace cuatro años y no ha habido día en el que no haya querido tumbarme a su lado y acariciar su espalda. Ahora mismo me culpo a mi mismo por no haber sido capaz de estar con ella antes, de haber esperado a esta situación para hacerla ver que la quería conmigo. Me siento partido y doblado en dos y creo que este octubre no va a acabarse nunca. Aún no he abierto el sobre que me dio, me pidió que esperara a este momento para leerlo y pienso leer cada palabra que ella escribiera para mi y todas y cada una de las páginas del cuaderno esta misma noche y no dormiré si es preciso. Ahora que Laura está dormida puedo llorar y puedo sentirla cerca, hacerla mía durante una noche más. Que sea mi última noche a su lado, aunque ella ya no esté. En fin, mi pequeña tortura.
Buenas noches.
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