domingo, 14 de octubre de 2012

Domingo, 14 de Octubre.

Carlos. Carlos y sus ojos verdes. Carlos y su sonrisa infinita. Carlos y su falta de aprecio a la gente que bebe, a la gente que fuma, a la gente que necesita el desfase extremo de las sensaciones artificiales. Carlos.
¿Qué diría si me viera ahora? Resacosa y ojerosa, fumando cigarrillos y acompañando las notas de guitarra de Fito a sorbos de cerveza de la mala. Le veo con claridad en mi mente dejando de sonreir y apartando la mirada.  No sabe nada de esto. No sabe nada de Marea, ni de los cigarros, ni de Tom, ni de que me estoy muriendo. Y sin embargo, sin aparecer, actua como mi conciencia; es el único motivo por el que la resaca me sabe realmente mal. No tengo noticias de él, ni él sabe nada de mi, pero me gustaría poder tenerle cerca.
Antes he estado un rato con Tom. Se ha liado un peta en el bosquecillo que hay en mi urbanización y nos lo hemos fumado juntos. Tosiendo como una descosida, con los ojos llorosos y la cabeza más en Londres que en cualquier otra parte, le he contado (muy por encima) la historia de Carlos. Tom la ha escuchado pacientemente, en silencio, cómo si meditara mis palabras una por una y muy lentamente. En medio de mi historia ha sacado la yerba, los papeles y un piti y a comenzado a liar otro, pero no me he dado cuenta hasta que me lo ha ofrecido.

"No te rayes. Sea como sea y vuelva cuando vuelva, no te rayes..."

Eso ha dicho dando una calada larga al terminar y sonriendome al soltar el poco humo que aún retenía. He estado al menos 15 segundos con la vista clavada en sus ojos. Creo que no pretendía ayudarme con esa frase, creo que simplemente quería que no lo pensara más. Me he abrazado a él, yo que se por qué. Sus ojos me lo pedían; me lo gritaban más bien. Tom y su boca rojiza, Tom y sus brillantes ojos azules. Sus ojos y su boca pedían ese abrazo, de manera indirecta, sin decir nada ni tratar de demostarlo.
A lo mejor me he equivocado. Puede que Tom no quisiera ese abrazo, a lo mejor era yo la que lo necesitaba y he preferido pensar que él me lo estaba pidiendo. Yo que sé.  La cuestión es que me ha retenido largo rato entre sus brazos. El tiempo suficiente como para que el porro y Carlos se esfumaran.
Ha sido realmente agradable. Como todas las tardes que paso con él hablando en el bosquecito.
Ha sido tan agradable que ahora solo puedo pensar en soñar, no sé si se me entiende.
Yo si.

"Hay miradas que invitan a amar."

No hay comentarios:

Publicar un comentario