¿Alguna vez has gritado hasta no poder más? ¿Hasta marearte y tener que parar para toser, para vomitar energías? La adrenalina recorre todo tu mecanismo, te hace destrozar tus propios esquemas y no saber llevar el ritmo de tus latidos. Laura, Tom, Victor, Rober, Sara, Marea y yo.
He saltado al lado de Sara, he gritado con Laura, he bebido con Rober, he reído con Victor y he llorado abrazada a Tom. El problema es que no recuerdo el orden de las cosas, que está todo mezclado en mi cabeza a base de alcohol del malo y falta de sueño.
El problema es que puede que esté diciendo la verdad o puede que me lo esté inventando todo.
Dios mío. Aún me retumba el pecho al recordar los acordes, todo está mezclado menos la música. Veamos;
A las 4.30 de la tarde hemos cogido un tren en Atocha dirección Ávila. En un primer momento ibamos a ser solo cinco e iríamos en el coche de Rober, pero Victor se nos ha unido en un último momento y hemos tenido que buscar otra manera de ir. De esto me he enterado media hora antes de salir de casa, así que ya he comenzado algo perdida en todo esto. La organización del día se ha realizado durante el trayecto, pero yo iba leyendo y, evidentemente, no me he enterado. Supongo que realmente no le he dado importancia al orden de las cosas, mis prioridades estaban claras; música, alcohol y más música. Pero poner la oreja no hubiera estado de más.
A eso de las 7, hemos llegado a Ávila, cómo era de esperar, aquello estaba atestado de gente con camisetas de Marea, mochilas y la excitación típica de antes de un concierto. Paso por paso, lo primero, era ir a un chino a por la bebida, el más próximo al establecimiento, a poder ser, para no tener que caminar mucho rato con las botellas. Cómo bien habían supuesto, no se podía pasar la bebida así como así. Al menos no a la vista. Por lo tanto, los que llevábamos mochila, hemos tenido que encargarnos de pasarla dentro. La verdad es que hemos pasado sin percance alguno (la teoría de Victor es que tres escotes siempre ayudan bastante, yo confío más en la suerte). Abrirse paso entre la gente ha sido una aventura que, por supuesto, ha resultado fallida. Aunque no del todo; no teníamos la primera fila, pero estábamos en la zona central. Algo es algo.
El concierto empezaba a las 22.00, a las 9.45 estábamos ya perfectamente situados y expectantes, pero el grupo no ha salido hasta las 22.30. A esa hora ya teníamos el calor del alcohol en el cuerpo metido.
De golpe, las luces se desvanecieron. Un acorde, otro, el siguiente; ahí estaban. El público estalló al unísono, todos sabíamos qué canción era, todos queríamos hacernos oír y vibrar con cada sonido. Repetiría esos instantes una y otra vez sin cansarme, volvería a quedarme sin voz. Con cada canción, miraba a alguno de mis acompañantes, bebía un trago, le daba caladas a todo lo que me ofrecían, yo que sé. Me sentía viva con todas esas cosas pensadas para asesinarte un poco. En fin, no sé.
A eso de la 1.00 ha terminado el concierto, pero teníamos demasiado subidón encima como para poder plantearnos buscar un sitio en el que dormir y el primer tren no pasaba hasta las 6.00. Así que hemos seguido a una marea de gente que buscaba un lugar donde asentarse y beber. Sentados en un hueco, nos hemos visto rodeados de música, olor a alcohol, a maría y de un creciente buen rollo. Yo ya no sabía ni dónde estaba, ni mi nombre. De hecho tengo un interesante vacío de tiempo desde que llegamos a la explanada dónde estaban todos hasta la hora en la que Sara dijo que había que ir tirando para el tren. Sara no bebe, ella solo fuma, así que más o menos controla la situación. Yo al parecer llevaba un ciego importante, no podía casi ni hablar y dice que, de milagro, no vomité. Ella tenía curro a primera hora, así que nos ha dejado a Laura, Tom y a mi en su casa y se ha llevado a Victor y Rober a casa de este antes de irse.
Eran cosa de las17.30 cuando al fin me he despertado con un zumbido insoportable en los oídos y un dolor de cabeza que me resultaba una maldita agonía. A mi lado estaba Tom, tirados en la cama de Laura (que estaba abajo, al parecer, preparándonos la merienda). Un rato después ha subido con unos enormes bocadillos de nocilla y unos batidos con una pinta realmente apetecible.
El caso es que nos hemos puesto a recordar y algo he sacado en claro; no tengo ni idea de algunas cosas que hice/ dije anoche y, a judgar por las miradas que cruzaban Laura y Tom, hay cosas de las que debería tratar de enterarme.
La verdad es que sigo muy cansada, además estoy aturdida y confusa. No quiero pensar en lo que he podido hacer o decir. No sé. No quiero pensar, solo quiero volver a revivir la noche de ayer tal cual fue.
"Que teja en las tejas la lluvia, que a mi me da igual."
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