lunes, 22 de octubre de 2012

Lunes, 22 de Octubre.

Vengo de la habitación de Sara, estaba llorando. Sara se parece tanto a mamá que parece un reflejo descolocado; más joven, más fuerte, pero igual de sentimental. Cuando he entrado la he visto sentada con las piernas cruzadas en la cama y con un montón de álbumes y fotografías esparcidas por la cama. Eramos nosotras desde la primera hasta la última foto. Sara me lleva tres años.

"No sé si mamá te habrá contado alguna vez que yo no quería tener hermanos porque quería que me hicieran caso solo a mi. 
El día que naciste, el abuelo me llevó al hospital de mano y cuando estábamos en la puerta de la sala de espera le dije al abuelo que no quería entrar, que no quería verte, que yo no quería que dejaran de quererme papá y mamá. El abuelo me abrazó y me dijo que no entraríamos hasta que no me hubiera cansado de que él me abrazara y me diera el cariño suficiente como para que el que te dieran a ti no fuera nada en comparación. Creo que estuvimos media hora abrazados antes de entrar, papá estaba de los nervios. Estabá pálido y se mordía las uñas. Papá dijo que eras una niña preciosa, que iban a llamarte Marina y me dio la mano para que fuera a verte.
Y ahí estaba mamá, sudada y con una bolita pequeña, de ojos azules y morena entre los brazos. Cuando me acerqué a ti dejaste de llorar, te quedaste dormida y me dejaron cogerte; tan pequeña, tan pálida, tan tranquila. Igual que ahora. Luminosa.
Ese es mi primer recuerdo. Tú."

Nadie me había contado nunca esa historia de aquella manera. Pero entendía lo que Sara quería decirme con aquello.
Con mucho cuidado aparté las fotos y los álbumes y me senté a su lado, Sara se ha apoyado sobre mi y se ha echado a llorar como en la vida la he visto llorar. Me he abrazado a ella y he besado su frente y acariciado su hombro.

"Yo no quería tener a nadie en la habitación de al lado, yo no quería compartir mis juguetes, ni compartir a papá y a mamá. Y ahora mismo no se me ocurre una vida sin ti, Marina. Y sé que lo sabes."

A Sara no le gusta que la vea llorar, siempre ha sido ella la protectora y yo la protegida. En el colegio, en el instituto, en casa. La entiendo bien, la entiendo como si fuera ella la que se estuviera muriendo. La entiendo, la entiendo muy bien, pero no tengo palabras para explicárselo. No sé explicarme ni demostrarlo. Pero sé que acabará leyéndome. Y entonces solo quiero que sepa que no se me ocurre ninguna otra persona que no sea ella para estar ahí desde siempre y que algún día la vida le agradecerá todo lo que ha hecho por mi.

Te quiero mucho.

"Le dejó el mismo vestido que había usado ella cuando cumplió los seis años, pero se enfadó un poco al ver que a su hermana pequeña le sentaba mejor."




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