Serotonina; Felicidad y satisfacción.
Dopamina; Amor, pasión y placer.
Acetilcoína; Aprendizaje, memoria y sueños.
Hormonas. Hormonas y nada más. A mi me recuerdan a nombres de medicamentos o de grupos alternativos. Pero son bonitas, son curiosas y pequeñas y enrevesadas. Casi son como lo que representan.
La verdad es que en un contexto normal, nunca me hubiera fijado en las hormas que producen lo que siento, pienso o padezco. Pero últimamente me fijo muchísimo más en todos esos pequeños detalles que conforman las cosas.
En filosofía, Laura a bostezado 35 veces, el profesor ha dado 68 palmadas al final de cada explicación para reforzar sus argumentos, Martina ha estornudado 19 veces, Diego se ha rascado la nuca 7 veces en dos golpes (esto lo sé porque digo se ha sentado delante mía) y cinco minutos antes de que sonara el timbre se han caído tres lapiceros, los tres de la chica de trenzas de la esquina que ha llegado este año y creo que se llama Clara. Y a mi todo esto me llama mucho la atención porque son cosas tan pequeñas como la Acetilcoína, pero tan grandes como la memoria. Curioso, ¿eh?
El instituto no sirve para nada. No explican nada, no te enseñan nada de lo que realmente importa. Es decir, ¿de qué me vale saber que hay números infinitos sin la imaginación suficiente como para usarlos todos?
Te dan información; muchísima información ordenada y clasificada pero argumentan poco las razones por las cuales se explica o debería ser interesante. Creo que he aprendido más de la vida como un trayecto a realizar en una semana que en 14 años de explicaciones de ridículos "porqués". El problema es que no sé que hacer con toda esta nueva información, no sé que va a ser de ella y eso me eriza el vello de la nuca y me da dolor de estómago. Nadie valora esto y a mi me da miedo contarlo y que me miren como si estuviera loca.
El médico volvió a llamar; me ha propuesto visitar a una serie de enfermos terminales que están recibiendo tratamiento. Está convencido de que eso me animará a permitirle analizar y pinchar y escarbar y arruinar mis segundos de existencia.
"Vámos, Marina, ¿qué te cuesta? Ellos recibirán una visita y tú una experiencia."
Supongo, que por curiosidad o simplemente por buscar a alguien que me mire a los ojos y pueda explicarme el valor real de todo lo que estamos pasando, iré. Quiero historias en mi cabeza que no tengan que ver con mi casa, mi barrio y lo que rodea a esta nebulosa que tengo por vida.
Iré, pero no pienso someterme a nada. Nunca. Y ahora que he aceptado lo que va a venir menos.
Estoy hasta arriba de acetilcoína y serotonina. Pero me falta un poco de dopamina para completar mi vida, literalmente.
"A veces la única manera de comprender lo que pasa en tu interior es mirando a tu alrededor."
No hay comentarios:
Publicar un comentario