lunes, 15 de octubre de 2012

Lunes, 15 de Octubre.

Todos tenemos miedo. Es verdad, todos tenemos miedos y no hay un miedo mayor que otro.
Pero siempre tendemos a darle más importancia a unos que a otros; mujeres, niños y ancianos primero, luego los moribundos y después el resto del mundo. Las cosas no son así.
Y por eso hoy está Laura ahí, durmiendo en la cama plegable de mi cuarto, encaramada a la almohada desde hace ya un rato.
He pasado la mañana con Tom y su guitarra. El rascando las cuerdas y yo haciendo el intento de que ser cantar. Pero él no estaba como siempre, no. Estaba más callado y más "sonrisa triste y no real".

"Laura no está bien. Estoy preocupado."

Laura no está bien. Claro que no está bien; a Laura le encanta pensar. Es como un vicio, dedica horas y horas y más horas a darle vueltas a las cosas. Cuando algo no va bien, cuando hay un problema, aunque no sea suyo, lo absorbe y lo analiza hasta que no queda nada por deshacer. Por eso sé que estaba pasando por su cabeza cuando he ido a buscarla y me he enfadado con ella por no contarme que no se presentó a las pruebas de baile por acompañarme al concierto. Lo primero que ha preguntado es si me lo ha contado Tom y luego ha comenzado a hablar, a excusarse y a tratar de hacer que no lo pensara más.

"Puedo presentarme a pruebas de baile miles de veces con un cincuenta por ciento de posibilidades de un si y otro cincuenta por ciento de un no. No importa lo buena que sea, no importa lo bien que lo haga. Cincuenta, cincuenta.
Pero solo me quedan quince días para estar contigo. Y eso no tiene un cincuenta por ciento de posibilidades de mierda."

Es un hecho, lo sé, me muero. Pero hasta ahora solo me lo había planteado con respecto a mi. Yo me muero y se acaba todo, pero ¿y todas esas personas qué se quedan aquí y siguen viviendo sus vidas al margen de mi acabada existencia? No había pensado en que esto podría no ser solo mi fin si no el comienzo de otra vida para todo el mundo.
Me tengo el suficiente cariño como para saber que les va a importar; que no soy un lastre, que en algún momento me echarán de menos.
Después de decirme eso, Laura me ha abrazado, llorando. Llorando ella y llorando yo. Llorando mis ideas y mis padres y mi hermana y Carlos y Tom. Llorando los recuerdos de cuatro años juntas y llorando los recuerdos de toda una vida separadas. Es muy triste no poder decir que todo saldrá bien porque ambas sabemos que esa frase está totalmente fuera de lugar. Finalmente, con toda la llorera encima he dicho que había que dejarse de tanta mariconada y nos hemos ido a mi casa riéndonos de todo lo que ha pasado.
Es la 1.45 de la mañana, Laura abraza la almohada ajena a mi y a mi bolígrafo. ¿Cómo decirla que quiero estar ahí siempre? No tengo ese derecho.
Mañana por la mañana la acompañaré al instituto y la recogeré a la salida. Parezco más su pareja que su amiga, pero la quiero mucho. Mucho más. Yo no iré mañana a las clases porque a mi no me importa ejercer mi "derecho a huelga", pero ella no puede permitírselo y ambas lo sabemos. Creo que iré a por unas magdalenas de colores de esa tienda que está pasado el mercado de Fuencarral, sus favoritas son las rojas. Y se las ha ganado.


"Cuenta conmigo para lo que quieras."

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