"Siempre cerca. Siempre cerca, muy cerca, Marina, hemos estado ahí miles de veces. Juntos.
¿Juegas?"
En el alfeizar de mi ventana, enganchada con celo y con unas cuantas chapas pinchadas, he encontrado esta tarde la nota. La primera nota que me invitaba a jugar y a recordar y a avanzar.
Las chapas, tres chapas; la primera chapa es negra con la palabra "Madrid" en azules y rojos. La segunda tiene dos gatos negros larguiluchos y estirados y la tercera es la cara de Jack, de "Pesadilla antes de navidad". He dedicado varios minutos a mirarlas. Aquellas chapas las compró Laura hace unos dos años, en plaza de España. Aquella era la primera vez que íbamos a Madrid juntas y Tom venía con nosotras. Recuerdo que yo elegí las chapas de Laura y que ella eligió las mías. Recuerdo que Tom miraba unas púas unos puestos más adelante y que no paraba de resoplar porque elegíamos muy lento.
De súbito, cogí mis cosas y salté, como quien dice. Acababa de llegar a casa de haber estado haciendo unas compras por el barrio y aún tenía la cartera y el bono en la mochila. Así que sin pensarlo ni un instante, fui con paso ligero a la parada de tren que queda cerca de mi casa. Eran las 18.25 cuando al fin ha llegado el tren, Dios mío, estaba atacada de los nervios.
Una vez en plaza de España he comenzado a caminar entre la gente y no sabía muy bien qué hacer. He estado unos diez minutos sentada y al borde de la desesperación, la curiosidad me puede. Ya iba a desistir cuando he oído una voz rasgada cantando "Stand by me" y acariciando una guitarra al compás. Yo ya conocía a ese hombre; aquel era el tipo que estaba en el puesto de las púas, con el que habló Tom. Movida casi por un impulso nervioso, me he acercado a él y me he quedado ahí, de pie, mirándole con las manos en los bolsillos y la vista perdida en sus dedos. Al acabar la canción ha levantado la vista, sonriendo, y me ha mirado directamente a los ojos.
"Tú debes de ser Marina, ¿no? Creo que esto es tuyo."
Sin dejar de sonreír, ha extendido un papel arrugado y un tanto sucio. Era otra nota, era otra parte del juego y la intriga no paraba de crecer en mi. Ya solo podía pensar en saber más.
"Yo sé que sueñas en imágenes; imágenes lumínicas y sensacionales.
Tú y yo nos parecemos un poco a esas imágenes, ¿Sabes?
Pero tú más que yo.
Yo soy como el cine, avanzo sin pausas para quien quiera verme.
Tú permaneces.
Brillas.
Busca la pantalla arriba."
Estaba totalmente descolocada ¿Arriba? ¿Arriba de dónde? Arriba. He comenzado a mirar a mi al rededor, hacia arriba. Arriba, altura, cine, imágenes, proyectores, Amelie. Estaba todo encajado en mi cabeza y ahí estaba aquel edificio abandonado que hay en frente de plaza de España; arriba, alto.
Me acerqué a la entrada y había otro papel;
"Dale brillo a los papeles, vuela. Arriba, sube."
¡No me lo podía creer! todo encajaba perfectamente, Dios mío, todo iba de maravilla. Me guardé el papel en el bolsillo dónde estaban las otras notas y las chapas y comencé a subir. Sentía el corazón en la garganta, me temblaba de las pestañas hasta los tobillos pasando por todas mis extremidades. Era una sensación tan inmensa que daba hasta miedo. Subido casi más de medio edificio tuve que pararme, no podía más. La respiración se me había descontrolado por completo y me ardía la cabeza. Me había encogido sobre mi misma, tratando de recuperar el aliento cuando la alarma de mi reloj pitó indicando las 20.00 y ha ese ruidito minúsculo, le siguió los tres pitidos típicos de las películas antiguas antes de comenzar a reproducirse. Después ha sonado música, sonaba el tema principal de la película "El triunfo de un sueño". Muy despacio me he levantado del escalón y he continuado subiendo. De una habitación salía una brillante luz, salía la música y entraba yo. En medio de la sala había un proyector y al lado de este una silla con mi nombre escrito en un papel. Me he sentado y he comenzado a ver la película. Juro que no hay manera humana de describir lo que estaba proyectándose delante de mis ojos. Pero quiero intentarlo.
"Una niña me sonríe desde la pantalla. Es pequeña, tiene el pelo negro como el carbón, la piel pálida y los ojos castaños. Está jugando con otra niña, más mayor de pelo castaño pero con los mismos ojos. Las dos van vestidas igual y una mujer juega con ellas. Marina cumple tres años y juega con su hermana a explotar las pompas de jabón que les ofrece su madre. Se oye una risa; es la risa de su padre que las está grabando.
La pantalla se queda en negro y ya solo se oyen las risas. Suenan a música, casi como caricias.- Cierro los ojos, sonrío.- Las músicas se van apagando y entonces se oyen las voces mal grabadas, desde un móvil, de una panda de adolescentes intentando imitar a su grupo favorito.-Abro los ojos- Una colina, tres personas, dos chicas y un chico. Marina, Laura, Victor. Un grito. Otro grito. Dos más. Una risa nerviosa. La persona que graba también quiere gritar. Alguien lo sustituye y él también grita. De la mano derecha Marina, de la mano izquierda Laura. En medio Tom. La imagen se desvanece y unas letras ocupan la pared en la cual se está proyectando el vídeo.
"Cierra los ojos y echa la cabeza hacia atrás, está lloviendo"
Eso es lo que pone. -Cierro los ojos, dejo caer la cabeza muy lentamente.- Suena lluvia chocando contra el suelo. -Creo que es el suelo, pero puede que sea un cristal, o el capó de un coche, o contra el agua de una piscina.- suena lluvia. En las mejillas, rodando hasta el cuello, lluvia como sollozos. Pero la lluvia para.-Abro los ojos miro a la pantalla y me olvido de secarme la lluvia de los ojos.- Una serie de imágenes saltan en la pared; Londres, Tokyo, Los Ángeles, Nueva York, Toronto, París, Budapest, Copenhage, Marsella, Venecia. Todos esos sitios que no va a poder visitar, pero que viven en ella; la complementan. Entrelazadas con las ciudades están los rostros; sonrisas amigas y amables en el parque de las Delicias pero también en el sofá de casa de Laura, o por Madrid con Sara. Recuerdos, pequeños detalles capturados en fotografías. No solo personas; libros, dibujos, cuadros, gominolas, cartas, pinturas de colores. Imágenes y más imágenes bombardeando su memoria. -Si lloro un poco más, creo que acabaré por deshidratarme.- Sus amigos, las personas a las que quiere y que van a vivir su vida sin ella como lo han hecho mientras estaba. Todos ellos sonríen ahora y parecen un recuerdo nubloso en su mente, como si se alejaran. Ahora está sola.
¿Sola? No, nunca. Nadie permitiría que me quedara sola. Por eso la última imagen es el mar. Brillante azul, eterno y precioso. Parece que baila para mi desde la pared, me invita a huir, me invita a buscarle. Me obliga a llorar, pero eso no es su culpa. Porque a pesar de la distancia el mar siempre va a estar ahí. Incluso cuando yo ya no esté, él seguirá ahí y estará esperando a que hunda mis pies en la arena para poder hacer chocar sus olas contra mis tobillos. El mar. Lo único que quería ver antes de morir. Ahí lo tengo. Casi puedo oler el salitre y noto la humedad en mis dedos y en mis ojos.
"Sigue subiendo, Marina, te estoy esperando en la azotea."
Fin."
Así es como acaba el vídeo. He dejado en esa habitación un trocito de mi y en mi cabeza están grabadas las imágenes que habían asaltado mi cabeza en unos instantes. Con una sensación muy pesada en el cuerpo he subido arriba del todo, para descubrir al evidente culpable de todo esto. Y allí estaban; Tom y su guitarra. Preciosos y perfectos recortados contra el amanecer. La guitarra acústica estaba conectada a un amplificador y Tom tenía en la mano una púa. Nada más verme aparecer, la guitarra decidió atacar.
Tom ha tocado para mi. Me miraba, sonreía, tocaba, se ponía serio de golpe y dejaba salir de su garganta cada palabra. Cuando ha acabado yo estaba sentada a su lado en el borde del muro que hace de valla.
Le he sonreído y me he acercado un poco más, preguntándole el por qué de tomarse tantas molestias. Me ha mirado con incredulidad.
"Parece mentira que aún no lo entiendas, Marina."
Es todo lo que ha dicho. Después ha dejado la guitarra, ha acariciado mi mejilla y ha agarrado mi barbilla con el índice y el pulgar, muy suavemente. Y un segundo después me ha besado. Me ha besado y yo le he besado a él y los nervios me han comido la cabeza y las ganas. Lo que me ha resultado un siglo han sido a penas unos segundos. Pero la presión me ha ganado; he salido corriendo y le he dejado ahí tirado.
Tal cual. De camino a casa, en el tren, a eso de las 9.30, me he deshecho en lágrimas y he jugado en mi cabeza al escondite y Carlos ha llegado y ha dicho "Por mi y por todos mis compañeros" y en serio que ahora no sé donde meterme todas estas ideas.
Mis padres se han ido todo el fin de semana a una especie de spa por cortesía de Sara, la cual me ha dicho que mañana vamos a celebrar una fiesta clandestina en mi honor. Que están todos invitados.
Todos.
"Pequeña de las dudas infinitas, aquí estaré esperando mientras vivas."
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