La fiesta empezaba a las 9.00 y a las 6.30, Sara ya estaba dándome el coñazo para que empezara a prepararme. Quería que me duchara lo antes posible para poder peinarme, maquillarme y ayudarme a elegir un vestido (sobrando, por supuesto, tiempo para que se preparara ella). Finalmente la he convencido para que se preparase diciéndola que después, si eso, nos encargaríamos de mi.
A las 8.30 han llamado al timbre. Yo estaba en ropa interior pero peinada y maquillada, en la habitación de Sara viendo sus vestidos. Mi hermana debe de tener un millón de vestidos ahí dentro y un portal espacio-tiempo para poder guardarlos todos. La decisión se planteaba como una dura batalla, pero ahí estaba mi caballero andante, Laura, dispuesta a salvar la situación. Me he fiado de ellas y después de probarme tres vestidos he acabado con uno vestido azul oscuro palabra de honor abullonado por la parte inferior y con un estampado negro de rosas. Los términos técnicos han corrido por parte de Sara, que es la que controla. Laura ha dicho, textualmente que iba a hacerme un hijo. Eso es mucho mejor que bueno.
Cuando hemos bajado Victor, Rober y Tom estaban decorando el salón yo colocando algo de comida y bebidas. Después de tragar con los comentarios de Rober y Victor sobre lo "macizas" que íbamos las tres, hemos decidido ayudarles. La verdad es que Sara y Laura también tienen lo suyo; Laura llevaba un vestido "blanco roto" con escote de barco, ancho y entallado a la cintura con un cinturón de imitación de cuero trenzado a juego con la cinta que le adornaba el pelo. Y Sara se ha decantado por una falda de tubo y una camisa ajustada y escotada. Lo raro hubiera sido que no hubieran dicho nada. Y ahí estábamos, Tom y yo, muertos de la vergüenza sin mirarnos ni hablarnos y evitando roces. Como dos profundos
A las 9.45 ha empezado a llegar la gente (con esa característica puntualidad inglesa que tiene la gente de mi edad) y cada uno ha hecho su pequeña aportación.
"¡Tiós, traigo birras!"
"¡Tíos, he pillado hachís del bueno!"
"¡Tíos, vaís a flipar con el musicote que os traigo!"
Cada comentario que oía me parecía más escandalosamente estúpido que el anterior y, joder, ¿cuánta gente había entrado ya en mi casa? La verdad es que sigo pensando que Sara se le ha ido un poco de las manos, pero es lo suficientemente orgullosa como para no admitir nunca que no estaba todo planeado. En fin, eso no es lo importante. La cuestión es que a partir de las tres primeras cervezas y del segundo peta es cuando mi mente comienza a derrumbarse y es cuando comienza lo realmente destacable. Es horrible no recordarlo con la exactitud que me gustaría, pero en esto es lo que hay. Escombros de cerebro.
No sabía ya ni que hora era, ni en qué día vivía ni a quién pertenecían los rostros y más rostros que iban pasando por delante mía y que me saludaban y sonreían con amabilidad y con muchísimo entusiasmo. Habían convertido el salón en una pista de baile, eso lo recuerdo bien. Recuerdo también que la música estaba muy alta y que había muchas manos pasándome vasos y petas y pitis y de todo. Tenía unas ganas irrefrenables de bailar y había alguien dispuesto a satisfacer mis apetencias. Un chico alto con el pelo rubio y unos enormes ojos casi negros se había acercado a mi y me había invitado, casi gestualmente a causa del elevado volumen de la música, a bailar con él. Así que nada, ahí estaba, en medio de la pista hasta las cejas de todo y bailando con un completo desconocido que se pegaba cada vez más a mi. Es agradable saber que estás guapa y que hay chicos que se interesan por ti, pero no es agradable ver como alguien a quien le importas y que ocupa un sitio importante en tu corazón te ve bailar con un tipo que no ha hecho méritos para estar ahí. Tom había pasado media canción mirándonos, pero cuando se cruzaron nuestras miradas ya no pudo más y salió por patas del salón. Y yo quería salir detrás de él para darle explicaciones Dios sabe de qué, pero aquel tipo me había retenido por la cintura y estaba intentando besarme. Con un par de gestos, conseguí zafarme de él, pero, joder, pensé que al final me tocaría acabar la canción.
Sara se había encargado de ambientar bien la casa poniendo luces tenues en tonos violetas, rojos y azules. La casa estaba bastante oscura y yo iba dando tumbos y agarrándome a las paredes para no caerme. Me pareció ver que eran ya las dos y pico de la mañana y todos estaban ya cieguísimos. Después de un rato haciendo eses, me frené en una zona más o menos apartada y con poca gente. Me apoyé en la pared y cerré los ojos tratando de recobrar un equilibrio ya casi inexistente. Todo esto en mi cabeza se ve distorsionado, como cuando abres los ojos bajo el agua. Pero se ve. No hay detalles concretos, pero algo se distingue.
Solo sé que de súbito sentí una mano apoyarse en la pared al lado de mi cabeza y unos labios acariciando suavemente los míos. Esos labios ya habían estado ahí antes; era Tom. Abrí los ojos y le miré, aunque no le veía del todo bien. Pero si podía oírle y juro que eso es lo más nítido de todo lo que hay en mi cabeza.
"Marina, Marina, mírame. Marina, no te mereces esto. No te mereces tener que frenar tus impulsos y tus deseos por una persona que se ha ido y no es capaz de estar aquí contigo cuando le necesitas. Marina, escucha, que le jodan a Carlos y que le jodan a Londres. Esta noche eres mía y sabes que no deseas lo contrario."
Madre mía, ¿Cómo se puede querer lo contrario con esos dos preciosos ojos azules mirándote tan de frente y con esa voz acariciando los sentidos? No se puede y menos en el estado en el que me encontraba. En ese estado en el que no puedes ni hablar. Tom me estaba mirando, esperando una respuesta y mi cuerpo ha reaccionado rodeando su cuello. Claro que de todo esto no me he acordado hasta después de tomarme un café por la mañana. También me he visto a mi misma recibiendo una copa en las escaleras que suben hacia el piso donde están las habitaciones. Dios mío.
Cuando he escrito antes, eran, efectivamente, las 4 de la mañana. Al parecer mi móvil se cambia solo la hora. Después de escribir me he quedado totalmente dormida sin pensar ni un instante en quién estaba a mi lado y la verdad es que en ese momento no recordaba nada y pensaba que era el chico rubio que ha bailado conmigo. Por eso me he sentido muy aliviada cuando he abierto los ojos a eso de las 11.30 y he visto a Tom rodeándome con sus brazos y totalmente desnudo. Bueno, eso no ha sido un alivio. Me ha hecho bastante gracia. Un poco más conscientes, como a la 13.20 he bajado en silencio a por un par de cafés, aspirinas y unas magdalenas para que comiéramos algo y pudiera bajársenos un poco la resaca. La casa parecía una auténtica leonera, pero Sara prometió limpiar y yo no iba a quitarla ese honor teniendo a un chico desnudo en mi cama.
Después de "desayunar" hemos comenzado, poco a poco a hacer memoria de los hechos acontecidos durante la fiesta. Pero eso ha sido acompañados de besos con sabor a café y a calor, con un poco de Love of Lesbian de fondo, sin ropa, sin prisa, sin pudor. Como si lleváramos toda la vida compartiendo esa cama. Por supuesto que no todo ha sido ternura, me queda menos de una semana de vida y he querido aprovechar bien mi tiempo...
"Marina, no quiero que te suene a cerdo, pero no me parece bien que no recuerdes tu primera vez. Creo que debería haber una segunda y creo que debería ser ahora. Conmigo."
Así de sutil ha sido la segunda vez y ya mejor no mencionar todas las demás. Solo sé que estoy realmente cansada y que me pasaría otra tarde aquí metida con él. A decir verdad me pasaría el resto de su vida. No es justo que existan personas así. No es justo tener una vida lo suficientemente buena como para que morirse suponga un puto problema. Ya no soporto la idea, pero realmente no puedo hacer nada.
Tom acaba de marcharse hace a penas quince minutos, yo acabo de darme una ducha y de bajar para cenar algo, papá y mamá han llamado hace unos cinco minutos diciendo que en una hora, más o menos, estarán aquí. Yo me voy a dormir porque no puedo más; la cabeza me da vueltas. Ya se sabe; ayer dije nunca más, pero no oigo lo que digo.
"Caricias en la cadera, besos en el cuello, mordiscos en los pezones."
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