lunes, 29 de octubre de 2012

Lunes, 29 de Octubre.

Si el sábado no me había parecido suficiente (evidentemente no), mi madre ha decidido organizar otra fiesta. La Fiesta. Quiere que todos tengan la ocasión de pasar la última noche de Octubre conmigo y a mi, sinceramente, no me hace ni puta gracia. Mi madre cree que será algo emotivo; familiares y amigos juntos con la oportunidad de despedirse de la pobre y moribunda Marina. Para mi no es más que un pretexto para que la gente tenga ocasión de sentir lástima por mi, de derramar unos lagrimones innecesarios y de sentirse como pequeñas motas de polvo en un mundo infinito. No saben valorar lo que tienen y a mi me va tocar aguantar todo su dolo y toda su pena en un día en el que necesito estar bien, estar tranquila, estar sola porque nadie debería estar cerca. El problema es que mi madre entró anoche en casa muy ilusionada con la idea, los ojos le brillaban y no paraba de sonreír. Le encanta organizar fiestas y creo que trata de olvidar cual es la razón de la fiesta. Pero está demasiado ensimismada llamando gente y preparando cosas como para darse cuenta de que no tiene ni pies ni cabeza.No importa, prefiero que lo organice todo. Así al menos deja de llorar y de martirizarse.
Hoy hemos ido Sara, mamá y yo al centro comercial a comprarme un vestido adecuado para la ocasión (otro completo sin sentido de esos de mi madre). He debido probarme alrededor de un millón de vestidos distintos. Si por mi madre hubiera sido los hubiéramos comprado todos, para ella siempre estoy preciosa.

"Sonríe un poco más, cielo"
"¡Quítate el flequillo de los ojos,hija , no se te ve nada!" 
"A ver, a ver... ¡da una vuelta!"
"No sabría qué decirte, Marina, cariño, estás perfecta con ambos vestidos."

Supongo que todas las madres son un poco así. No sé si todas se llevarían la cámara de fotos a un día normal y corriente de compras con sus hijas, pero en fin. Tampoco sé si se considera "día de compras normal y corriente" al último "día de compras con tus dos hijas". Es un poco triste. Nunca me ha gustado ir de compras, los centros comerciales me agobian y el quita y pon de ropa también. Pero hoy ha sido distinto;
Al ser un día de diario, no había tanta gente como suele haber. De hecho, la primera hora que hemos pasado allí no había casi nadie. Mamá y Sara estaban muy animadas con su búsqueda del vestido perfecto, no les valía cualquiera. Debía de ser uno muy especial para mi. Me han guiado por todo el centro comercial como si realmente fueran un comando en la misión más vital de su existencia. Cuando mamá y Sara se juntan son un auténtico espectáculo, no parecen ellas. Son definitivamente muchísimo más naturales. A mi me pasa con mi padre, pero de otra manera. Es difícil de explicar.
Después de casi dos horas y media de búsqueda, teníamos el vestido; Un vestido negro con una cinta entallada por debajo del pecho y lunares blancos impregnándolo por completo. La verdad es que vivo enamorada de ese vestido, realmente parece pensado para mi. Y claro, una vez hemos tenido el vestido, los zapatos han sido pan comido. En solo tres horas ya estábamos tomándonos la merienda en la terraza del Starbucks del centro comercial. Si, en la terraza, porque estaba atardeciendo y el frío no iba a impedirnos disfrutar de un atardecer como ese. Ahí estabamos las tres, apoyadas en la balaustrada del café con nuestros gorros, bufandas y mitones puestos y viendo caer el sol. Las tres juntas, como hacía mucho tiempo que no estábamos. Sé que con lo sentimentales que son, en un año repetirán todo esto y acabarán viendo atardecer juntas. Lo sé y me produce un cálido agrado. Las siento.
Más tarde, a eso de las 9.00 ha venido mi padre a por nosotras y ya en casa nos ha suplicado que le enseñáramos el vestido. Mi padre escribe muy bien, pero actúa fatal y yo sabía que el vestido tampoco le interesaba tanto como nos estaba haciendo ver. Así que he decidido que tendría que esperar al miércoles para verlo. Finalmente hemos cenado todos juntos, Sara y papá han preparado crêpes salados y dulces y mi madre y yo hemos colocado todo en la mesita baja del comedor y hemos elegido una película. Esta vez ha tocado "El truco final, el prestigio". Es una muy buena película. La primera vez que la vi fue con Laura, eso es agradable.
Ahora mismo son poco más de las 23, estoy muerta y mañana tampoco tendré un día calmado. Por la mañana Laura a accedido a hacer pellas conmigo. En un rato alguien llamará a mi ventana, las ventajas de vivir en un segundo piso con un árbol chocando contra tu ventana es que siempre hay un príncipe dispuesto a rescatarte de la torre. Creo que dormiré un poco antes de que Tom empiece a dar golpecitos en mi ventana.

"Si no fuera con mayúscula, Octubre no sería mi Octubre."

No hay comentarios:

Publicar un comentario