La cabeza la habitación y yo damos vueltas. Son las cuatro de la mañana, según mi reloj, así que deben de ser las tres. Estoy en la cama, pero no estoy sola; hay alguien conmigo y a juzgar por lo cerca que está, lo que rozo con mi piel desnuda es su piel desnuda. Aún llevo los restos de la borrachera encima, no sé quién es. Estoy iluminando la hoja del cuaderno con la escasa luz del móvil. No estoy en condiciones de escribir, tengo mucho sueño.
"..."
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