Alguien me ha despertado hoy
golpeándome con unos papelajos en la cabeza. Bueno, no, alguien no. Era Laura;
sonriendo como si fuera a pegarme en cualquier momento, cuando he abierto los
ojos ha dejado sobre mi los papeles y ha abierto de golpe persianas y cortinas,
ha puesto la música a tope y se ha sentado a los pies de mi cama sonriendo aún.
“¿Qué coño haces durmiendo? ¡Es sábado, haz algo!
¡Hagamos algo!”
La hubiera matado. Juro que la
hubiera matado de no haber sido por que en ese momento me fijé en que no eran
papelajos; me había estado golpeando la cabeza con una entrada para ir a ver a
Marea en Ávila, el 12 de Octubre. Me he lanzado en sus brazos y me ha dicho que
como pago por esto, hoy debía ir con ella al Jardín Delicias, en Madrid.
También ha dicho que mis padres estaban avisados y la comida lista. Me ha dado
40 minutos para prepararme diciendo “Ponte guapa, pero que no se note mucho” y
ha esperado abajo, con Sara y Rober, el novio de Sara. Hemos ido en el coche de
Rober escuchando a todo volumen a Marea, Extremo y Celtas Cortos. “Rober
conduce como un jodido desgraciado cuando canta”, ha dicho mi hermana y Laura y
yo nos hemos reído un poco a nuestro pesar.
Una vez hemos llegado, nos hemos
encontrado allí con Tom y su amigo Victor. “Victor es fotógrafo y está ayudando
a Tom con el manejo de la cámara que tiene hace un mes y poco más.” Me ha
susurrado Laura. Y luego ambos nos han explicado que querían modelos para
fotografiar y que les ha parecido una buena idea que fuéramos nosotros. La
verdad es que la sola idea de posar me da bastante vergüenza, pero Laura estaba
tan animada que en seguida nos hemos puesto todos a hacer, más bien, el idiota.
El parque de las Delicias es un
sitio de lo más bonito, es realmente agradable estar ahí tirados. Después de
comernos unos bocatas que llevaban Laura y Sara en sus mochilas, hemos
descansado un rato para después seguir callejeando por la ciudad. No se me
ocurre un lugar mejor para morir que Madrid. Con su ruido, con su bullicio y su
gente avanzando a trompicones. Creo que ninguna de las personas que han ido hoy
conmigo puede de ver lo que yo veo en esta ciudad. Pero también creo que yo
antes no lo hubiera sabido ver tampoco. Me pregunto como estará Carlos y si
echará de menos Madrid, o a mi, o las dos cosas…
En fin, después de un día entero
paseando me he empezado a sentir un poco cansada, estaba mareada y, aunque no
he dicho nada porque sabía que todos estaban pasándolo muy bien, Tom me ha
ofrecido acompañarme a casa. Finalmente he vuelto sola en el metro.
Y aquí estoy, en casa,
escribiendo y acordándome de lo mucho que me gusta Madrid, de que nunca he
estado en Londres y de que aún no sé nada de Carlos.
Creo que mi plan de empezar a
vivir sin consecuencias se va al traste solo porque no soy capaz de no frenarme
de cara a la enfermedad. Es cómo un pulso, cómo a ver quien de las dos puede más y es como si ella gritara desde dentro de mi pecho hasta mi cabeza. Pero yo ya no tengo ganas de gritar; son las 2.17 y se me ha hecho demasiado tarde.
Esto es una mierda.
“No hay un cuchillo tan
desafiante como el pretérito imperfecto”.
No hay comentarios:
Publicar un comentario